Tirarse a la piscina 

Mario camina con la boca abierta hacia la ducha de la piscina. 

“¡Corre con papá!” – grita su madre desde la sombrilla. 

Apenas levanta un palmo del suelo, sus piernas no terminan de caminar recto, pero defiende su equilibrio con el movimiento de sus pequeños brazos que le garantizan llegar hasta el bordillo en el que le espera papá. Mario se ríe y grita de emoción, quizás porque está descubriendo esa gran desconocida de la que tanto ha oído hablar: la piscina.  El resto de bañistas lo mira sin poder evitar la sonrisa. 

Llega al bordillo y salta. No se lo ha pensado. 

Todos nos hemos sentido alguna vez como Mario. Pero ahora confieso que lo sigo sintiendo. Me pregunto cada día qué hago aquí, por qué y sobre todo, a dónde voy… Y si no me lo pregunto yo, ya se encarga algo o alguien de recordármelo . Desde los estúpidos anuncios de la televisión hasta alguien cercano. Y no sé qué es peor.

 Y no sé qué me da más miedo: si no encontrar la respuesta o saberla y no poder aceptarla. 

Hay noches que me acuesto pensando que mañana todo será mejor,  mas luego amanece y es mentira, no hay manera de empezar a cambiar, o peor aún , no hay cambio de ninguna manera. 

Hace años que elegí esta profesión y ahora que me abren la puerta, lo confieso, “me entra el canguelo” . 

Pienso en Mario y confío desesperadamente en tirarme al agua sin miedo, con ganas de aprender , de valerme por mí misma. Y así ser capaz, de una vez, de tirarme a la piscina. 

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Amanecer

Cada vez que llueve, corremos hacia casa empapados. No importa la intensidad de la lluvia, corremos al sofá, a los libros, al refugio desde el que escribir algún tuit:”me encanta sentarme a leer y escuchar el sonido de la lluvia” o “me gusta contemplar cada gota en la ventana”
Cada vez que llueve, se nos empapa el alma.
La otra mañana, al salir de casa para ir a trabajar, cuando caminaba por la avenida, comenzó a llover. Apenas había acabado la noche, guardé mi teléfono móvil, ese que acostumbro a llevar siempre en la mano, y comencé a correr hacia el portal más cercano. No encontraba lugar para resguardarme, y agobiado, conseguí llegar al portal de un viejo edificio, un viejo banco que no había dado tiempo a rescatar.
La oscuridad de aquella galería solo quedaba iluminada por un débil haz de luz suficiente para darme cuenta de que no estaba solo. La noche ya iba dando paso al día .
A mi lado tenía a Rafa. Sé que se llamaba así porque junto a sus cosas se podía leer en un cartel:

“ME LLAMO RAFA, NECESITO AYUDA PARA COMPRAR UN FERRARI”

El arte de la ironía en un viejo cartón.

Tumbado en el suelo, envolvía su cuerpo con una gran manta. No sé si dormía, quizás me ignoraba. Pasaron al menos veinte minutos y ni siquiera se nos oía respirar. Seguía lloviendo.
Le observaba a distancia, maldiciendo que la justicia de este país “desarrollado” siguiera permitiendo que viviera gente en la calle. Por el amor de Dios… ¡Eran personas! Maldije el sistema y todos aquellos tuits en los que postureaba con un libro y un café junto a la ventana .
De pronto, y con un gesto suave, Rafa se enderezó y nuestras miradas se cruzaron. No sentí miedo. En aquel momento me daba asco a mí mismo por la vida tan desaprovechada que llevaba, de vasos vacíos, de botellas medio llenas, de quejas y de libros de autoestima en lo que buscaba la fórmula exacta de la felicidad.

“Llueve, un día más” -espeté sin mucho sentido …

Me corrigió :

“Un día más veo amanecer, que no es poco”

Pocos valientes, demasiada libertad

A menudo nos hablan de dejar volar aquello que más queremos.

“Te deseo el viento  y a volar

Pero me hace gracia la capacidad con la que nos hemos creído dueños de otros para iniciarlos en un concepto que está muy de moda últimamente: la libertad.

Son los otros, sin lugar a dudas, están obligados a elegir que quieren en sus vidas, justificando así su dependencia; y por tanto, sólo, y recalco que sólo y de manera exclusiva son ellos mismos los que determinaran sus actos, cultivaran virtudes y actuarán con la cabeza o el corazón, eso ya, es su problema, otro problema. Esto nos deja fuera del campo de juego. Y así con todo.

Sin embargo, me recalco en el derecho que permite por Real Decreto PROTESTAR.

El derecho a protestar o el grito sin miedo, la pataleta y  el te echo de menos disparado a bocajarro… en definitiva exijo que si alguien se quiere ir de nuestras vidas es libre, como lo somos nosotros para despedirlo, ya sea con una fiesta o si quieren, con un entierro. Pero yo también siento,  y siento que hay momentos en los que si no reivindico lo que siento, entonces soy yo quien ha perdido el sentido…

O dicho de otra manera, mi libertad.

Es más, tengo derecho incluso a recrearme en canciones una y otra vez cualquier noche de verano, y derecho a contarle al mundo lo bien que me iba cuando estábamos juntos. Y eso, no me hace más vulnerable que tú, ni más débil,  de hecho me hace más fuerte. Al igual que no me avergüenza pensar que esto precisamente es fruto de una conducta que emana del amor que le tengo a otros, y ¡Qué coño! Amor a uno mismo. Porque conozco pocos valientes que hayan salido ilesos tras confesar que echa de menos a quien se fue y no volvió.

Todos los días me tomo un minuto para echarte de menos, porque no es que te lo merezcas, es que me lo merezco yo. Es que necesito recordar que formas parte de  mí, que eres de verdad.

Pero para echar de menos es necesario haber querido y eso, sí está al alcance de muy pocos. Como la libertad.El viento y a volar

Y puede ser, o no

Huir sienta demasiado bien en verano. Pero también resulta más fácil.

Nadie escapa del invierno porque en invierno todos necesitamos cobijo.

A no ser que seas tan valiente como para quedarte en verano y ser capaz de volar en invierno. A no ser que busques de verás solucionar lo que te aflija, y no una simple tapadera alternativa con la que alardear de la profundidad de tu pecho…

Porque dicen que:

Del libro La Luz De Candela, de Mónica Carrillo
Del libro La Luz De Candela, de Mónica Carrillo

Y puede ser, o no;  como quizás también sea que la respuesta la tienes tú. Que no hay más solución que la que encuentras entre cervezas con los tuyos, y para eso… para eso estoy yo.

Alea jacta est

Si no existieran razones para escribir, al mundo se le olvidaría en qué consiste la vida. Porque lo que dejas escrito, es lo que permanece, lo eterno. Y no me refiero a escribir sobre papel. Prefiero la piel.

Librería, Valdezcaray
Librería, Valdezcaray

A ti que soy yo

A ti que soy yo.

Vengo a pedir(me) perdón.

Por todas las decepciones que llevamos vividas.

Por todos los charcos a los que nos tiramos de cabeza sin saber nadar.

Por todas aquellas veces que no nos dijimos lo que sentíamos.

Por aquellas que nos miramos al espejo y no nos quisimos.

Vengo, a pedir(me) perdón.

Por no haber estado a la altura

Por no haber estado a la altura de lo que realmente te merecías.

Por no haber sacado la voz y las alas, cuando más lo necesitaste.

Vengo, a pedir(me) perdón.

Por todas aquellas veces en la que no fuimos nosotras mismas.

Por las que nos dejamos llevar.

Por las que no dimos el golpe en la mesa y gritamos “Basta”

Aún así, me niego a arrepentirme de todo aquello que hicimos. Esto lo hemos vivido juntas, y ya por eso, merece la pena. Y así, aprendimos a querernos.

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Pero tanto tu como yo sabemos que sin esto no habríamos aprendido, por muy típico que suene. Aprendido que de nuestros defectos, quizás también se aprecien mejor nuestras virtudes. Que somos mucho más bonita de lo que el resto del mundo podrá ver. Porque ellos no han visto como has crecido y yo sí. Porque ellos no han visto como llorabas y yo sí. Porque todo esto tiene sentido si tu y yo estamos juntas en esto.

De hecho, es ahora, cuando he vuelto a darme cuenta de lo que me/te quiero, y sólo vengo a desearte un “para siempre” , ese  en el que no tenía que haber dejado de creer jamás.

“Ojalá los futuros periodistas…” Ojalá

No tengo una anécdota “bonita” con la que contarles cómo decidí que quería ser periodista.

Bueno,  de pequeña, crecí viendo Reporter Blues. Era una serie de dibujos que echaban a la hora de merendar. Tony, que así se llamaba, era una periodista pelirroja de sonrisa carismática y valor incalculable que trabajaba en el diario La voix de Paris y era conocida a nivel internacional.  Ya saben, París… mi ciudad.   Supongo que fue ella quien me metió en esto, quien me hizo darme cuenta de que quizás esto podía ser lo mío.

Crecí  con Matías Prats y Susana Griso como presentadores de las noticias en Antena 3, y durante años soñé con sentarme en esa mesa para leer el prompter.

De vez en cuando, si me daba por fantasear algo más, imaginaba ser la sustituta de Antonio Pelayo, que  desde un balcón ofrecía cada semana  una crónica desde El Vaticano. Otras veces, cuando ya era mucho soñar, Enrique Cymerman se convertía en mi maestro, y ambos daríamos cobertura desde Israel informando sobre la guerra.

Fui creciendo, invirtiendo mi tiempo en estudiar asignaturas que odiaba, como esas matemáticas aplicadas a las ciencias sociales, solo porque me contaban 0,2 en Selectividad para la carrera que quería estudiar… porque desde aquel Junio caluroso nada de matemáticas hemos vuelto a tocar..

¿Por qué quieres ser periodista?

Porque me gusta escribir

Esa era la respuesta cuando alguien me preguntaba acerca de mi futuro profesional. Dice mi madre que yo soñaba con ser escritora desde muy pequeña, y cierto es, que cualquiera que me conozca sabe que veo la vida en forma de cuento, de estos que tienen moraleja, un tinte de rosa… Una novela con final abierto, que todavía está por escribir, una obra de teatro que no admite ensayos, que se disfruta cuando el foco empieza a darte en la cara, un verso que rima dos versos más abajo en consonancia… un microcuento acompañado de una de esas bohemias fotos que se suben a Instagram…

Aún recuerdo el primer día de clase. El profesor que tuvimos mandó leer este texto en clase, de Elvira Lindo, quien por aquel entonces, era mi escritora preferida (adoraba, y adoro a Manolito Gafotas). Eso fue, claro, antes de saber que ella no era más que otra esclava del sistema, de ese mercado que se ha impuesto a la libertad de expresión.

Ojalá que los futuros periodistas se rebelen. Ojalá que a pesar de enfrentarse a un escenario complicado intuyan que hoy el periodismo es más necesario que nunca y sean conscientes de que los medios, engolfados con el politiqueo, están ignorando esas historias anónimas que definirían el extraño momento que estamos atravesando. Ojalá que no sean cínicos, que ejerzan una crítica implacable contra esos personajillos que desde hace tiempo inundaron las pantallas y no han servido más que para sembrar la creencia de que es legítimo ganar dinero sin hacer el mínimo esfuerzo. Ojalá que no sean mansos y no se dejen arrastrar por esa corriente venenosa que consiste en acudir a las ruedas de prensa para tomar nota sin rechistar. Ojalá que sean tan honrados como para desconfiar del político que les paga un viaje convirtiéndoles en parte de su corte. Ojalá que entiendan que el mejor periodista, en contra de la práctica tan habitual en España, es el que se mantiene lejos del poder, no el que alardea de estar en la pomada. Ojalá que defiendan la dignidad de su oficio y que aspiren a ser profesionales y no eternos amateurs. Ojalá que tengan el amor propio necesario como para dar más de lo que se les pide, y que no lo hagan por el medio sino por ellos mismos. Ojalá que entiendan que en esta situación económica que va a cambiar la vida de varias generaciones es necesario darle voz a los olvidados y sólo un buen periodista puede hacerlo. Dada la precariedad del empleo, la docilidad es tentadora, pero ojalá que no sean dóciles, porque al margen de la invasión de los opinadores, que de manera gratuita exaltan (exaltamos) los ánimos de los ciudadanos, nos hace falta información. Ojalá que haya una nueva generación batalladora que demuestre que el periodismo sigue vivo, que a lo mejor los que estamos un poco muertos somos nosotros.

Ojalá Manolito leyera este texto e hiciera él una reflexión…

Aun así ¿Motivante verdad? ¡Qué contenta estaba!

Porque sí que se podía, se podía escribir para mejorar el mundo, para mostrarle a la gente que lo que pasaba en la otra punta del  globo terráqueo nos afectaba, porque podíamos ser denuncia, ser la voz de un pueblo que necesitaba ser oído por señores de cuello blanco que manejan maletines, o tarjetas black.

Recuerdo que llegué a casa, imprimí el texto y todavía sigue colgado en la pared. Me prometí usarlo como medicamento ante los primeros suspensos, ante la primera derrota. Esto, era una carrera de fondo, y estaba dispuesta a ganarla. A mi manera, fiel a un estilo que nos distinguía y que todos debíamos tener…

Las decepciones vinieron después, cuando descubrimos que la objetividad no existe. Cuando para ser periodista tienes que entrar en el juego del mercado, de los grandes conglomerados, o escribes esto o estás fuera. Y muchos abandonan, porque esto no es lo que nosotros esperábamos.

Y una el primer año peca de novata y se une a manifestaciones, a las huelgas y  al paro académico de casi dos semanas a favor de la lucha por la educación pública y de calidad.  Luego, te das cuenta de que todos esos que también votaron que sí, se quedan en casa, a estudiar porque los finales se acercan… o peor aún, al año siguiente, sin reparo ninguno,  te tachan sin vergüenza de “Topo de Intereconomia” por tener el valor de levantar la mano y opinar en medio de una asamblea de intolerantes e irrespetuosos que el Paro Académico del año anterior no sirvió absolutamente para nada…  Ahí tenéis la respuesta a por qué no va nadie, o mejor dicho, los de siempre, los que tenéis claro que el fin justifica los medios, y donde no hay más cabida que vuestra opinión.

Siendo estudiante de periodismo he vivido como nuestro presidente del Gobierno daba ruedas de prensa sin preguntas y me indignaba, he vivido como destituían a Pedro J. Ramírez como director del Mundo tras haber publicado información sobre la contabilidad B del Partido Popular, y me indignaba. He visto como moría Chavez  y El País sacaba una portada sensacionalista sin rigor periodístico ninguno, y sí, me indignaba. Pero, ¿Saben que me indignaba mucho más? Ver como pasaban los días, las semanas, los meses y los cuatrimestres sin que hubiéramos aprendido absolutamente más que el esquema de la comunicación, el concepto de noticia e historia del periodismo. Y para mi desgracia, no exagero. Ahí queda resumido el temario de profesores incompetentes que se pisan en los contenidos de sus asignaturas, y que para rematar la jugada no se imparten si quiera en un orden considerado.

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-Hagan una noticia con este teletipo

-Pero no sabemos redactar, redacción se imparte en 3º…

¿Y QUÉ MÁS DA?

¿Ensayo y error?

Aún así seguimos de huelgas contra el Gobierno central, olvidando que pese a que pagamos bastante dinero por nuestras matriculas, no nos quejamos cuando el profesor falta sin avisar, termina la clase ¾ de hora antes o no da la materia en condiciones. Son nuestros clásicos.  Pero nada, mucho test de evaluación de calidad en los que vuelven a perderse clases, mucha elección de delegado y mucha pamplina y tontería que sabe a “me voy a la cafetería que allí de tertulia con el periódico aprendo MÁS que en muchas de las clases que he tenido a lo largo de estos cuatro años”.

Y eso que el primer año piensas  “Claro, es el primer año…”  Igual que el segundo. Son años de iniciación, ya cuando cojas las optativas te especializas… Pero no, cuando llegas a tercero y ves que NI LAS OPTATIVAS se fijan al plan docente que hay colgado en la página web oficial de la facultad, pues vaya, otra desilusión más…

Profesores a los que se le olvida presentarse el día del examen, aprobados que se ganan en los despachos con sonrisas y caídas de pestañas, o mejor aún: suspensos porque tu ideología no coincide con la suya. Notas que se publican fuera de plazo, pero que ni se te ocurra entregar un trabajo fuera de fecha.  Yo jamás había creído en los “me tiene manía” , pero tengo comprobado científicamente que a veces, pasa, que llegas a tutoría y puede que la profesora te pregunte :

-¿Pero tú has venido a revisar el trabajo?

–  Sí- respondes…

– Ah, pues no recuerdo que hayas venido ni una sola vez…

VAYA POR DIOS. Bueno no, a Dios ni mencionarlo, todo aquel que se considere católico apostólico y romano, mejor que sonría y asienta, que la Iglesia es la mayor secta de la historia pero oye, que siguiendo el criterio de sevillanito educado en costumbres y festejos sin criterio ninguno:  SI TENEMOS QUE SALIR DE NAZARENO, SE SALE.

Pero el periodismo es la base de la democracia y todo eso.

Becas que se gastan en i-phones, en ropa de temporada,  a la par que nos quejamos porque si suspenden se te acaban los tacones para salir el jueves.

Me quedan meses para graduarme. La ilusión a veces es la misma que la del primer día, pero últimamente se ha quedado estancada en la última fila del aula. Luego llegan ellos, mis compañeros, con sus cafés y sus paseos por el aula de radio con la silla de ruedas y al menos una sigue yendo a clase…

En la prórroga de este partido el árbitro no para de pitar faltas en mi contra. El trabajo de Fin de Grado se expondrá a modo de cartel publicitario en la pared de nuestra facultad para que se proceda a su evaluación…

  • Oiga que yo soy de Periodismo
  • ¿Y?

Y nada. Y eso es lo que hay y nadie mueve un dedo para cambiarlo. Porque eso no nos interesa.

¿Llegaremos a los penaltis? ¿Llegaré al final?

La ventana

           Y déjame que te diga que si abres la ventana, fuera se respira mucho mejor                                                           IMG_20140829_122435

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