“Ojalá los futuros periodistas…” Ojalá

No tengo una anécdota “bonita” con la que contarles cómo decidí que quería ser periodista.

Bueno,  de pequeña, crecí viendo Reporter Blues. Era una serie de dibujos que echaban a la hora de merendar. Tony, que así se llamaba, era una periodista pelirroja de sonrisa carismática y valor incalculable que trabajaba en el diario La voix de Paris y era conocida a nivel internacional.  Ya saben, París… mi ciudad.   Supongo que fue ella quien me metió en esto, quien me hizo darme cuenta de que quizás esto podía ser lo mío.

Crecí  con Matías Prats y Susana Griso como presentadores de las noticias en Antena 3, y durante años soñé con sentarme en esa mesa para leer el prompter.

De vez en cuando, si me daba por fantasear algo más, imaginaba ser la sustituta de Antonio Pelayo, que  desde un balcón ofrecía cada semana  una crónica desde El Vaticano. Otras veces, cuando ya era mucho soñar, Enrique Cymerman se convertía en mi maestro, y ambos daríamos cobertura desde Israel informando sobre la guerra.

Fui creciendo, invirtiendo mi tiempo en estudiar asignaturas que odiaba, como esas matemáticas aplicadas a las ciencias sociales, solo porque me contaban 0,2 en Selectividad para la carrera que quería estudiar… porque desde aquel Junio caluroso nada de matemáticas hemos vuelto a tocar..

¿Por qué quieres ser periodista?

Porque me gusta escribir

Esa era la respuesta cuando alguien me preguntaba acerca de mi futuro profesional. Dice mi madre que yo soñaba con ser escritora desde muy pequeña, y cierto es, que cualquiera que me conozca sabe que veo la vida en forma de cuento, de estos que tienen moraleja, un tinte de rosa… Una novela con final abierto, que todavía está por escribir, una obra de teatro que no admite ensayos, que se disfruta cuando el foco empieza a darte en la cara, un verso que rima dos versos más abajo en consonancia… un microcuento acompañado de una de esas bohemias fotos que se suben a Instagram…

Aún recuerdo el primer día de clase. El profesor que tuvimos mandó leer este texto en clase, de Elvira Lindo, quien por aquel entonces, era mi escritora preferida (adoraba, y adoro a Manolito Gafotas). Eso fue, claro, antes de saber que ella no era más que otra esclava del sistema, de ese mercado que se ha impuesto a la libertad de expresión.

Ojalá que los futuros periodistas se rebelen. Ojalá que a pesar de enfrentarse a un escenario complicado intuyan que hoy el periodismo es más necesario que nunca y sean conscientes de que los medios, engolfados con el politiqueo, están ignorando esas historias anónimas que definirían el extraño momento que estamos atravesando. Ojalá que no sean cínicos, que ejerzan una crítica implacable contra esos personajillos que desde hace tiempo inundaron las pantallas y no han servido más que para sembrar la creencia de que es legítimo ganar dinero sin hacer el mínimo esfuerzo. Ojalá que no sean mansos y no se dejen arrastrar por esa corriente venenosa que consiste en acudir a las ruedas de prensa para tomar nota sin rechistar. Ojalá que sean tan honrados como para desconfiar del político que les paga un viaje convirtiéndoles en parte de su corte. Ojalá que entiendan que el mejor periodista, en contra de la práctica tan habitual en España, es el que se mantiene lejos del poder, no el que alardea de estar en la pomada. Ojalá que defiendan la dignidad de su oficio y que aspiren a ser profesionales y no eternos amateurs. Ojalá que tengan el amor propio necesario como para dar más de lo que se les pide, y que no lo hagan por el medio sino por ellos mismos. Ojalá que entiendan que en esta situación económica que va a cambiar la vida de varias generaciones es necesario darle voz a los olvidados y sólo un buen periodista puede hacerlo. Dada la precariedad del empleo, la docilidad es tentadora, pero ojalá que no sean dóciles, porque al margen de la invasión de los opinadores, que de manera gratuita exaltan (exaltamos) los ánimos de los ciudadanos, nos hace falta información. Ojalá que haya una nueva generación batalladora que demuestre que el periodismo sigue vivo, que a lo mejor los que estamos un poco muertos somos nosotros.

Ojalá Manolito leyera este texto e hiciera él una reflexión…

Aun así ¿Motivante verdad? ¡Qué contenta estaba!

Porque sí que se podía, se podía escribir para mejorar el mundo, para mostrarle a la gente que lo que pasaba en la otra punta del  globo terráqueo nos afectaba, porque podíamos ser denuncia, ser la voz de un pueblo que necesitaba ser oído por señores de cuello blanco que manejan maletines, o tarjetas black.

Recuerdo que llegué a casa, imprimí el texto y todavía sigue colgado en la pared. Me prometí usarlo como medicamento ante los primeros suspensos, ante la primera derrota. Esto, era una carrera de fondo, y estaba dispuesta a ganarla. A mi manera, fiel a un estilo que nos distinguía y que todos debíamos tener…

Las decepciones vinieron después, cuando descubrimos que la objetividad no existe. Cuando para ser periodista tienes que entrar en el juego del mercado, de los grandes conglomerados, o escribes esto o estás fuera. Y muchos abandonan, porque esto no es lo que nosotros esperábamos.

Y una el primer año peca de novata y se une a manifestaciones, a las huelgas y  al paro académico de casi dos semanas a favor de la lucha por la educación pública y de calidad.  Luego, te das cuenta de que todos esos que también votaron que sí, se quedan en casa, a estudiar porque los finales se acercan… o peor aún, al año siguiente, sin reparo ninguno,  te tachan sin vergüenza de “Topo de Intereconomia” por tener el valor de levantar la mano y opinar en medio de una asamblea de intolerantes e irrespetuosos que el Paro Académico del año anterior no sirvió absolutamente para nada…  Ahí tenéis la respuesta a por qué no va nadie, o mejor dicho, los de siempre, los que tenéis claro que el fin justifica los medios, y donde no hay más cabida que vuestra opinión.

Siendo estudiante de periodismo he vivido como nuestro presidente del Gobierno daba ruedas de prensa sin preguntas y me indignaba, he vivido como destituían a Pedro J. Ramírez como director del Mundo tras haber publicado información sobre la contabilidad B del Partido Popular, y me indignaba. He visto como moría Chavez  y El País sacaba una portada sensacionalista sin rigor periodístico ninguno, y sí, me indignaba. Pero, ¿Saben que me indignaba mucho más? Ver como pasaban los días, las semanas, los meses y los cuatrimestres sin que hubiéramos aprendido absolutamente más que el esquema de la comunicación, el concepto de noticia e historia del periodismo. Y para mi desgracia, no exagero. Ahí queda resumido el temario de profesores incompetentes que se pisan en los contenidos de sus asignaturas, y que para rematar la jugada no se imparten si quiera en un orden considerado.

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-Hagan una noticia con este teletipo

-Pero no sabemos redactar, redacción se imparte en 3º…

¿Y QUÉ MÁS DA?

¿Ensayo y error?

Aún así seguimos de huelgas contra el Gobierno central, olvidando que pese a que pagamos bastante dinero por nuestras matriculas, no nos quejamos cuando el profesor falta sin avisar, termina la clase ¾ de hora antes o no da la materia en condiciones. Son nuestros clásicos.  Pero nada, mucho test de evaluación de calidad en los que vuelven a perderse clases, mucha elección de delegado y mucha pamplina y tontería que sabe a “me voy a la cafetería que allí de tertulia con el periódico aprendo MÁS que en muchas de las clases que he tenido a lo largo de estos cuatro años”.

Y eso que el primer año piensas  “Claro, es el primer año…”  Igual que el segundo. Son años de iniciación, ya cuando cojas las optativas te especializas… Pero no, cuando llegas a tercero y ves que NI LAS OPTATIVAS se fijan al plan docente que hay colgado en la página web oficial de la facultad, pues vaya, otra desilusión más…

Profesores a los que se le olvida presentarse el día del examen, aprobados que se ganan en los despachos con sonrisas y caídas de pestañas, o mejor aún: suspensos porque tu ideología no coincide con la suya. Notas que se publican fuera de plazo, pero que ni se te ocurra entregar un trabajo fuera de fecha.  Yo jamás había creído en los “me tiene manía” , pero tengo comprobado científicamente que a veces, pasa, que llegas a tutoría y puede que la profesora te pregunte :

-¿Pero tú has venido a revisar el trabajo?

–  Sí- respondes…

– Ah, pues no recuerdo que hayas venido ni una sola vez…

VAYA POR DIOS. Bueno no, a Dios ni mencionarlo, todo aquel que se considere católico apostólico y romano, mejor que sonría y asienta, que la Iglesia es la mayor secta de la historia pero oye, que siguiendo el criterio de sevillanito educado en costumbres y festejos sin criterio ninguno:  SI TENEMOS QUE SALIR DE NAZARENO, SE SALE.

Pero el periodismo es la base de la democracia y todo eso.

Becas que se gastan en i-phones, en ropa de temporada,  a la par que nos quejamos porque si suspenden se te acaban los tacones para salir el jueves.

Me quedan meses para graduarme. La ilusión a veces es la misma que la del primer día, pero últimamente se ha quedado estancada en la última fila del aula. Luego llegan ellos, mis compañeros, con sus cafés y sus paseos por el aula de radio con la silla de ruedas y al menos una sigue yendo a clase…

En la prórroga de este partido el árbitro no para de pitar faltas en mi contra. El trabajo de Fin de Grado se expondrá a modo de cartel publicitario en la pared de nuestra facultad para que se proceda a su evaluación…

  • Oiga que yo soy de Periodismo
  • ¿Y?

Y nada. Y eso es lo que hay y nadie mueve un dedo para cambiarlo. Porque eso no nos interesa.

¿Llegaremos a los penaltis? ¿Llegaré al final?

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